Ir al Inicio
Publicación Digital Astrane
Enero 2008, Nº4
Entrar en ASTRANE
Publicación Digital Astrane
Editorial
Artículos
Nuevas Tecnologías
Histórico
Noticias
Destacamos
Profesionales VS familiares
Ver más
La intervención de terapia ocupacional dentro de un equipo de rehabilitación domiciliaria
Ver más

 

WebMaster

 

Sigo dando por saco
José Canal
Paciente de ASTRANE

Soy Jose Canal, tengo 46 años y, desde los 19, en que me fui de casa de mis padres, para irme a Israel, hasta los 41, en que me atropellaron a la puerta de mi hogar, en Dublín entonces, prácticamente no he parado la pata.

Necesitaría varias páginas para contar mis batallitas pero, como esta historia no es coleccionable, diré simplemente que he vivido en los cinco continentes y que incluso estuve en Irak del '81 al '82 durante su guerra con Irán.

En Dublín llevaba cuatro años viviendo e, ironías de la vida, yo que nunca había poseído casi nada, justo cuando acababa de meterme en la compra de un piso, para quedarme a vivir allí de forma permanente, van y me mandan p'al otro barrio.

Me repatriaron a España, para así estar cerca de mi familia, tan imprescindible para mí, en esos dramáticos momentos, y donde, tras un mes y medio en coma y cuando algunos médicos no daban dos duros por mí, me fui recuperando y, tras un año y medio en silla de ruedas, dije: ¡aquí estoy! No ando demasiado bien, pero ando, que es lo que importa.

Para alguien que había vivido tan libremente y tan a su aire como yo hasta ese momento, no fue fácil al principio asimilar la sensación de estar en una cárcel en régimen abierto, que yo tenía entonces, y la minusvalía que me resultó a consecuencias del atropello (de un 90% en los primeros momentos) no hizo sino confirmar la frustración y la rabia interna que yo sentía entonces.

Pero mira tú por dónde, que esta desgracia tan imprevista por mí me hizo re-descubrir a la familia y, sobre todo, a los padres, tan valientes, tan generosos y tan fuertes moralmente que yo tenía. La vida es una lucha, eso está bien claro, y de nada sirve acobardarse ante sus dificultades, pero el apoyo firme de los que lo han traído a uno a ella resulta fundamental para superar estas pruebas tremendas a las que, a veces, nos vemos sometidos.

No voy a parecer tan masoquista ahora como para decir que le doy las gracias al miserable que me rompió la vida física de esa forma tan dramática, pero sí afirmaré que de toda experiencia, por dura que sea, debe uno sacar alguna conclusión positiva y aleccionadora, y la mía está muy clara: si eso no me hubiera sucedido, mi lejanía geográfica de mi familia me habría impedido disfrutar de la paz interior que, por suerte, ahora hay en mí.

Y es que demasiado a menudo he dejado de lado que mis padres me dan todo su apoyo, en mi proceso de rehabilitación, y que no son mis rivales, ni mucho menos.

Quizá es que había pasado demasiado tiempo lejos de ellos, y/o que, en algunas cosas, aún tengo mentalidad de adolescente, lo que sería bastante triste, con casi medio siglo de vida a mis espaldas.

Pero bueno, lo que importa, supongo, es que por fin valoro interiormente todo lo bueno que ellos hacen por mí; ¡y que les hago ver esto a ellos, naturalmente!

Dicho eso, voy a ampliar una nota que tengo en mente, sobre un reciente cambio de planes mío, respecto a mi planteamiento de dónde y cuánto tiempo vivir, a lo largo del año, en Madrid y en Dublín.

Así es: en un momento dado, había pensado estar aquí en los meses menos cálidos (otoño e invierno) y allí en los calurosos (primavera y verano), para así evitar el agobio físico (¿y mental?) que entonces me invade.

Mis padres son tan generosos que, en ese caso, pese a la tristeza que les produciría no verme durante la mitad de cada año, aceptarían mi decisión y la llevarían lo mejor que pudieran.

Pero, como este maldito accidente me ha hecho re-descubrir los padres tan maravillosos que tengo, y me ha dado la opción de vivir/estar cerca de ellos en los últimos años de su vida, que espero sean muchos, no voy a ser tan tonto ni tan egoísta de desaprovechar ese regalo con que la vida (¿dura, pero justa?) me ha obsequiado.

Así pues, esos planes antes mencionados quedan como sigue: viviré en Madrid todo el año, salvo en agosto, que lo pasaría en Dublín, al no funcionar entonces Helsinki España ( la ONG con la que colaboro), una actividad demasiado importante para mi salud mental, como para renunciar a ella .

Bueno, y puede que ni agosto entero, entre que la rehabilitación física es demasiado importante para mí, por desgracia, y que ya no siento Dublín como mi hogar, para qué nos vamos a engañar: cinco años lejos de allí es demasiado tiempo, supongo; pasaría allí la quincena que Marta (mi fisioterapeuta) coja de vacaciones, y para de contar. ¡Y a ver cómo me sentía la primera vez que lo hiciera, que sería en el 2008!

Todo esto me hace pensar que está cambiando drásticamente mi forma de pensar y/o de sentir. ¿O será “simplemente” que estoy madurando? ¡Pues a buenas horas, mangas verdes!, pero más vale tarde que nunca, supongo.

 

José Canal

Paciente de ASTRANE

 

 

 
 
    versión pdf subir