COMUNICACIÓN Y LENGUAJE EN PERSONAS CON DAÑO CEREBRAL ADQUIRIDO
El lenguaje es la capacidad humanas más compleja que existe. Para que la función lingüística ocurra de forma apropiada es necesario que se establezca un amplio conjunto de integraciones sensoriales y de asociación simbólica, habilidades motoras, aprendizaje de patrones sintácticos y memoria verbal.
Esta función, sin embargo, puede verse afectada por la existencia de un daño cerebral. La etología más frecuente está relacionada con: accidentes cerebro vasculares, tumores, procesos infecciosos, traumatismos cranoencefálicos y otros.
El daño cerebral afecta a personas de todas las edades: niños, jóvenes, adultos y ancianos, y de todos los trastornos, probablemente, el traumatismo cranoencefálico sea el más frecuente. Entre los motivos de dicho trastorno se encuentran los accidentes de circulación, los accidentes laborales y las anoxias por asfixia en la infancia.
Los trastornos del lenguaje más frecuentes producidos por daño cerebral se describen a continuación (Kolb y Whishaw, 1996).

Las perturbaciones del lenguaje que ocurren como daño de las estructuras que sustentan las funciones lingüísticas en el cerebro se denominan Afasias. Las áreas cerebrales más importantes relacionadas con el lenguaje se localizan en el esquema. (Habib, 1994).
Los diferentes tipos de afasias se clasifican a partir del rendimiento del paciente en pruebas de: lenguaje comprensivo y expresivo, denominación, repetición y otros. El test más conocido de evaluación de las afasias, la prueba de Boston (Goodglass y Kpalan, 1996) incluye un conjunto de dimensiones de análisis: severidad global del deterioro de la comunicación, fluidez de output oral, comprensión auditiva, denominación, repetición-recitado, parafasia, lectura, escritura y funciones visoespaciales.

A partir de los resultados es posible determinar el de dificultades lingüísticas de la persona e incluirle dentro de una categoría diagnóstica. Los tipos clásicos de afasia son:

CASO PRÁCTICO
El caso que presentamos como ejemplificación es el de un hombre de 53 años de edad, de profesión empresario y que a raíz de una operación quirúrgica presenta, en un primer momento, una afasia global, que evoluciona posteriormente a una afasia de Broca. En las pruebas de neuroimagen aparece una lesión en la región parietal posterior izquierda con afectación de los surcos de la convexidad. Se diagnostica un infarto cerebral y en las pruebas siguientes aparece una nueva lesión, ésta vez de origen vascular subcortical.
La revisión inicial indica problemas graves de expresión con lenguaje espontáneo muy reducido, algunas esterotipias verbales, con dificultades articulatorias y utilización de gestos para expresarse. Por otro lado, aparece una comprensión bastante alterada que requiere la utilización de claves visuales. Otros trastornos están relacionados con alteraciones práxicas, lecto-escritura, grafestesia y en memoria verbal.
A partir de la exploración se proponen una serie de objetivos que son trabajados por la logopeda y que se describen a continuación:

Los principios metodológicos y las técnicas de intervención han de tener en cuenta los siguientes elementos. En primer lugar, basarse en la individualidad, esto es, cada individuo, aún dentro de una misma tipología afásica, presenta un perfil clínico y lingüístico distinto y distintivo, para ello, la rehabilitación ha de partir de una completa evaluación neuropsicológica.
Por otro lado, se han de definir objetivos específicos a conseguir en un corto período de tiempo, generalmente tres meses, y se valorará durante ese tiempo tanto el proceso como la evolución del paciente.
Las tareas asignadas serán concretas, claras, cortas y llamativas, para atraer y mantener su atención. En primer lugar, se le proporcionará un nivel de ayuda máximo que se irá disminuyendo a medida que el paciente adquiera los objetivos, hasta emitir la conducta por sí solo.
Cuando haya adquirido el objetivo trabajado, se programarán sesiones de generalización a la comunidad en la que vive. La meta final es que los aprendizajes enseñados puedan ser puestos en práctica por el paciente en cualquier situación natural, sin ningún tipo de ayuda y ante cualquier persona o grupo.
Por lo que se refiere a la familia, pretendemos conseguir que ésta colabore y que haya una coordinación continua para generalizar y mejorar el lenguaje en general. Suele considerarse con una familia que participe en la rehabilitación se tiene un 60% de probabilidad de conseguir los objetivos.
La intervención se llevó a cabo en el domicilio del paciente, puesto que éste extremo define nuestro servicio (atención domiciliaria). La temporalización fue variando en un principio desde una hora a tres diarias por petición propia del paciente. No manifestó fatiga o cansancio, a pesar de la larga duración de las sesiones, sino todo lo contrario, una gran motivación y deseo continuo de “luchar por recuperarse”. En cada sesión, se comienza siempre con la fecha y el día de la semana.
Las actividades se realizan de una en una. Se trabaja en contenido, forma y uso, en cada sesión, teniendo en cuenta que los diferentes aspectos del lenguaje se trabajan sobre un mismo tema cercano al sujeto.
Una evaluación neuropsicológica cada tres meses proporciona no sólo unos datos sobre el avance del paciente sino que también constituye una autoevaluación del trabajo del rehabilitador en ese tiempo y permite que los objetivos se vayan renovando según la evolución observada.
En cuanto a los resultados, en la última exploración realizada seis meses después, cabe destacar, una mejora sustancial en: la comprensión y expresión del lenguaje oral (denominación y repetición), la memoria de textos, la evocación (categoría y literal) y el aumento del cálculo y la lecto–escritura (letras y palabras, con y sin sentido y escritura al dictado de números y palabras, así como la escritura libre).
Francisco Rodríguez Santos, neuropsicólogo. Equipo de Alteraciones Graves del Desarrollo de la Comunidad de Madrid, consultor de ASTRANE (Atención Socio-sanitaria en Trastornos Neurológicos)
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