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Enero 2010
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Después del Ictus...
Mariano Muñoz Carpintero
Paciente con Ictus Cardioembólico

 

Un día me desperté y fui a lavarme los dientes y salí del cuarto de baño, le pedí a mamá un vaso de agua mineral, el vaso se me cayó de la mano, perdí el sentido, no recuerdo nada más.

Al recobrar la consciencia me enteré de que había sufrido un ictus cardioembólico, no podía hablar (afasia motora) y no podía mover el brazo derecho ni la pierna derecha (hemiplejía derecha), y padecía anemia; ¡de enamoramiento!, ¡me había tocado la lotería!.
Estaba en el Hospital de la Paz, allí me quedaría cuatro o cinco meses. Cuando estaba inconsciente mi alma estaba en otro sitio, no sé dónde, pero el alma estaba bien, no recuerdo nada.
Los médicos fueron buenos. Las enfermeras también. Me visitaban los familiares y amigos y no podía hablarles, no tenía voz, aprendí a usar la mano izquierda, me comunicaba con gestos, y a escribir con la mano izquierda. Comía puré durante dos meses, luego dieta sólida, (la comida estaba malísima), en los hospitales se cocina sin sal, pero no hay ganas de comer.

Antes era fumador, me fumaba tres cajetillas de tabaco rubio, y bebedor e iba con mujeres, ahora me han prohibido el tabaco y la bebida, y las mujeres, ¡ay las mujeres!, me siguen gustando mucho las mujeres.
Fue muy duro lo que me había pasado, me ponía a reflexionar: le puede pasar a todo el mundo, joven o viejo, no hace distingos la enfermedad; no me podía mover…, y se pasa mal, muy mal.
Soy alérgico a la penicilina, no aguanto la penicilina. ¡Pastillas, pastillas, pastillas!, ¡me ponían pastillas hasta en la sopa!, y las transfusiones, me han salvado las transfusiones de sangre. Es trágico lo que me ha pasado, bueno, piensas en la religión católica, en la hora difícil piensas en Dios.
En los momentos duros me quería morir y me daban depresiones, no podía vivir, se pasa muy mal. He de confesar que he llorado, muchas veces he llorado. Quiero dar las gracias a Glaucia del Burgo, logopeda y amiga, que ha hecho posible este artículo, muchas gracias de todo corazón.

Pero hay solución y está en toda la gente que te quiere, en los familiares y amigos que te apoyan y que aman, todo lo que hace ese amor. Y sí se sale del ictus, he vuelto a nacer; mi recuperación no ha terminado. ¡Voy a luchar con todas mis fuerzas! ¡y al enemigo ni el agua!.

 

                                   

 

 

 
 
 
 
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