Por alguna razón siempre creía que mi familia y yo estábamos a salvo de cualquier enfermedad, dolencia o accidente (imagino que esa idea inconsciente nos ocurre a muchos), pero voy mas allá, lo que le ocurrió a Juan Luis (mi marido), un infarto cerebral a los 46 años, pensaba que era algo que ni siquiera le ocurría al resto de las personas, tenía un desconocimiento total de las dolencias que pueden afectar al cerebro y sus secuelas. Pero ocurrió, apareció el daño cerebral, casi sin avisarnos y nos apuñaló por la espalda, y digo “nos” porque en esta enfermedad quedan muchos afectados, no sólo el paciente.
Rabia, rabia y mucha rabia fue lo que sentí y aun siento, en menor medida claro. Pero a pesar de esa rabia, siempre tuve claro que esa situación se podía mejorar, que Juan Luis, no podía quedarse en ese estado. ¿Hasta dónde se podía mejorar? no lo sé y creo que nadie lo sabe, no estamos hablando de una ciencia exacta.
Como decía a pesar de esa rabia y que me encontraba en una especie de estado de shock, debía ser que todavía me quedaba un poquito de sentido común, porque empecé a informarme, y saque la conclusión de que la rehabilitación temprana era algo importante, así que me puse manos a la obra y contacté con Astrane y ya estando en el hospital, le empezaron a tratar Macarena y Glaucia, más tarde ya en casa, se incorporaron Álvaro y Alicia.
Después de casi dos años, la situación ha mejorado mucho, pero mucho, tanto como que ya no lleva silla de ruedas, ya no tiene sonda gástrica para la comida y el agua, habla, se viste y su aseo personal lo realiza solo y esta yendo a la oficina 3 mañanas por semana. Con esto no quiero decir que Juan Luis este perfecto, porque las funciones que ha recuperado tienen que mejorarlas mucho, pero como siempre digo ¿será por tiempo? si algo tenemos es tiempo. Tiempo y tres adolescentes que sacar adelante (nuestros hijos), así que por ellos y por nosotros, tenemos que conseguir llevar una vida normal, con las limitaciones que sean, pero normal, los cinco nos lo merecemos.
Este es un camino largo y duro, en el que tienes tiempo para llorar, para sentirte desesperado, pero también tienes tiempo para disfrutar de los avances, cualquier mejoría la celebras por todo lo alto. Lo cierto es que tu visión de la vida cambia de una manera radical, valoras muchas situaciones que antes no le dabas importancia y también valoras las que ya no puedes hacer y antes hacías.
Ya por último, solo decir que este camino largo y duro, al que antes hacía referencia, es imposible andarlo solo, necesitas a todo tu entorno echándote una mano, en nuestro caso afortunadamente, la gran mayoría de la familia y amigos nos han aportado mucho, a todos ellos muchas gracias, ya que si no hubieran estado, esto no hubiera sido posible. A los pocos que no han sabido o no han podido mantenerse a nuestro lado, solo decirles que como todavía nos queda para rato, les invito a disfrutar de este camino tan duro, complicado, pero muy gratificante.
|